Cuando hablamos de desinformación —la difusión intencionada de información engañosa— solemos imaginar mentiras flagrantes y noticias falsas difundidas por gobiernos extranjeros. A veces, la intención es influir en los votantes en las elecciones, y otras, sembrar confusión en una crisis. Pero esta es una versión algo simplificada de los hechos. De hecho, países autoritarios, como Rusia y, cada vez más, China, participan en proyectos continuos y cada vez más amplios destinados a crear una realidad política sesgada. Buscan socavar sutilmente la imagen de las democracias occidentales, presentándose a sí mismas y a su creciente bloque de socios autoritarios como el…
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