La noche previa a recibir el Goya Internacional, Susan Sarandon, actriz y activista de voz incansable, dejó claro que su compromiso con las causas sociales no conoce fronteras. En una rueda de prensa cargada de reflexiones, la intérprete de *Pena de muerte* no dudó en alzar la voz sobre los conflictos que sacuden al mundo, comenzando por la crisis humanitaria en Gaza. “Cada nación tiene derecho a la autodeterminación”, afirmó con contundencia, antes de describir la situación en el territorio palestino como “terrible” y confesar que le “avergüenza” lo que allí ocurre. Sus palabras resonaron con especial fuerza en un país como España, donde, según destacó, el apoyo a la causa palestina ha sido más visible que en otros lugares. “Venir de un país donde se siente la represión y la censura —en referencia a Estados Unidos— y encontrar aquí a figuras como Javier Bardem, con una voz tan poderosa, es un alivio”, admitió.
Sarandon, cuya carrera ha estado marcada por su activismo, defendió que el cine es, por naturaleza, un acto político. “Todas las películas y las historias lo son”, aseguró, “ya sea para reforzar el statu quo o para cuestionarlo”. Y añadió que esa capacidad de incidir en la sociedad no depende del género: desde el drama hasta la comedia, el arte puede ser un espejo o un martillo, según se mire. Sin embargo, su crítica no se limitó a los conflictos internacionales. Con la misma firmeza, cuestionó el papel de Hollywood en la era de Donald Trump, un tema que, según ella, desmonta el mito de que la industria del entretenimiento es un bastión progresista. “Deberíamos poder decir lo que pensamos sin que nos amenacen con no volver a trabajar”, sentenció, recordando las presiones que enfrentan quienes alzan la voz en un sistema donde el silencio suele ser la moneda de cambio para mantenerse en el juego.
La actriz no esquivó tampoco el debate sobre las políticas migratorias en su país. Con un tono que mezclaba indignación y urgencia, calificó al Servicio de Control de Inmigración y Aduanas (ICE, por sus siglas en inglés) como “muy anticonstitucional”, denunciando que sus acciones, especialmente contra la población negra, bordean lo ilegal. “Hay comunidades que están luchando contra este servicio, y es importante visibilizarlo”, insistió, subrayando que la resistencia desde abajo es clave para enfrentar abusos de poder. Pero su discurso no se quedó en lo crítico. También celebró los avances en la industria cinematográfica, como el creciente número de mujeres que ahora ocupan roles de producción en Hollywood. “Eso es algo que debe continuar”, afirmó, aunque matizó que el verdadero desafío está en garantizar que esas historias encuentren un espacio para ser vistas, en un panorama donde los cines independientes —tradicionales plataformas para el cine de autor— son absorbidos por grandes cadenas.
Con su característico humor, Sarandon bromeó sobre su posible incursión en el cine español, ofreciéndose a directores como Pedro Almodóvar para interpretar a “una estadounidense tonta que no habla español”. La anécdota, sin embargo, dejaba entrever una realidad más profunda: su interés por apoyar a nuevos talentos. “Ahora participo y produzco películas independientes de directores noveles”, reveló, mostrando que su compromiso va más allá de las palabras. En un mundo donde el arte y la política se entrelazan constantemente, Sarandon demostró, una vez más, que su voz sigue siendo un faro para quienes creen que el cine puede —y debe— ser un agente de cambio.































































































































































































































