México debe superar el modelo de mano de obra barata para impulsar su desarrollo

La Confederación de Trabajadores de México (CTM) se prepara para asumir un nuevo rol en el panorama laboral del país, dejando atrás la etapa de confrontación para convertirse en un organismo de propuestas. Así lo anunció su secretario general, Tereso Medina Ramírez, quien dirigió un mensaje claro a la presidencia: “En la renegociación del T-MEC, los sindicatos deben hacer escuchar su voz, porque en el acuerdo actual los trabajadores quedaron al margen”.

Medina Ramírez subrayó la urgencia de sindicalizar alrededor de 130 mil contratos colectivos que, hasta ahora, han permanecido sin representación. “En lugar de enfrascarnos en disputas por titularidades que no suman miembros, debemos enfocarnos en organizar a esos trabajadores que hoy están desprotegidos”, afirmó. Según el líder cetemista, las peleas internas por el control de los sindicatos solo generan desconfianza entre los trabajadores, quienes ven en estas luchas un obstáculo para sus derechos.

El dirigente también dejó en claro que no buscará la reelección al término de su mandato en 2032. “Me iré de pie, como llegué”, aseguró, marcando distancia de prácticas históricas en la central obrera, donde algunos líderes se aferraron al poder hasta el final. Su postura contrasta con figuras como Joaquín Gamboa Pascoe, quien, pese a su avanzada edad, fue reelegido meses antes de su muerte en enero de 2016. Gamboa Pascoe, conocido por su afición a la cacería en África, acumuló en su residencia del Pedregal una colección de animales disecados y automóviles de lujo, símbolos de un estilo de liderazgo que hoy parece quedar atrás.

La CTM ha enfrentado cambios profundos en los últimos años. Con la llegada de Carlos Humberto Aceves del Olmo a la secretaría general en 2016, la central obrera vio cómo el gobierno de Andrés Manuel López Obrador le arrebataba parte de su influencia histórica. Pero fue el T-MEC el que realmente reconfiguró el tablero sindical, al abrir espacio para nuevas organizaciones que disputaron el poder que antes monopolizaba la CTM. Este nuevo escenario obliga a la confederación a replantear su estrategia, buscando recuperar terreno no a través de la confrontación, sino de la propuesta.

El desafío es mayúsculo. México vive una transformación en su estructura laboral, con la llegada de inversiones millonarias que prometen reactivar sectores clave. Solo en Tijuana, se han destinado más de 2 mil millones de dólares para modernizar subestaciones eléctricas, un paso esencial para impulsar la nueva ola de fábricas en la región. Sin embargo, este crecimiento económico no siempre se traduce en mejores condiciones para los trabajadores. La CTM insiste en que, sin una representación sindical fuerte, los beneficios de estos proyectos podrían quedarse en manos de unos pocos.

El mensaje de Medina Ramírez parece apuntar hacia una renovación interna, aunque el camino no será fácil. La central obrera arrastra décadas de prácticas cuestionables, desde la falta de democracia interna hasta la complicidad con patrones en detrimento de los trabajadores. Ahora, con un gobierno que ha impulsado reformas laborales y un tratado comercial que exige mayores estándares, la CTM se ve obligada a adaptarse o arriesgarse a quedar relegada.

Lo que está en juego no es solo el futuro de una organización, sino el de millones de trabajadores y sus familias. Como dijo el propio Medina Ramírez: “Detrás de cada trabajador hay una familia, y detrás de cada familia, una esperanza”. La pregunta es si la CTM podrá transformar esas esperanzas en realidades concretas, o si seguirá atrapada en los fantasmas de su pasado.

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